Esta tarde, en la ventana del claustro, un cuervo
se ha bebido la leche y recorrido
los intestinos tuyos, los meandros míos
bajo un suave clarinete de azulada queja.
Y después, el silencio;
el descubrimiento del fuego en parsimonia,
los nenúfares ungidos de granizo,
la espuma que enjuaga las costas, blanca.
Memento, homo, quia pulvis es;
et in pulverem revertis.
Memento, homo, quoniam suavis
est flores quasi lilium...

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