viernes, 18 de febrero de 2011

Luna

¿En qué te sostienes blanco fuego de mis entrañas?
¿En qué recodo de ti mismo has aprendido 
la mentira eterna del "mañana cambiaré"? ¿dónde apuntas
tus envenenados dardos, sino en mi corazón?

Yo vuelvo de la batalla cada día y me descubro
más lejano que ayer, más parecido a mi muerte, más hermano
del odio; más enemigo que lo ajeno; en fin, más cercano a la parodia
de mi mismo que sostienen quienes me sueñan. 

Y no me conozco.

Por eso todas las piedras que arrojo en realidad van contra mi.
Y no me llegan. Lo cual es doblemente triste, y doblemente
auspicioso. Pues implica que soy no yo quien inventa 
los espectros que en la noche a los cobardes espantan, sino
algún otro que me ama y me protege y al que, definitivamente,
no entiendo.

Como no entiendo en esta noche por qué yo he mencionado
un "blanco fuego" como principio a este discurso.

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