La claridad nos consuela de los días,
mas nos interroga luego desde la bóveda
y relente de su ambigua instancia.
la claridad es el espejo y, a la vez,
el reflejo. Es la diadema de Lucifer codiciada,
pero envuelta de pecados cultos y muselina blanca.
La claridad bajo las piedras es cruel, y sobre ellas
el exordio de la condena eterna. Simplemente
no te escondas: el omnipresente basilisco
es la claridad y en su palingenesia
te revelas inminente.

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