domingo, 30 de mayo de 2010

La apoteosis de las llavecitas

escucha: es el tren que se despierta.

si corremos cuesta abajo le podremos alcanzar
por el añejo cigoñal de palo.

se despierta también el rosicler, la ingenua nube;
el apetecible candor de los cerezos
en el cafeto,
y quiere envolvernos la solapa con su bálsamo…

escucha: en tu zapato ha despertado la libélula.

hizo un invierno tan bonito anoche,
un compartido sueño de crepusculares orquídeas,
un banquete de mendigos sobre hortensias,
que me temo ya nunca
volveré a revolotear en tu mirada
sin apetito.

escucha: se ha despertado en mis bolsillos
la apoteosis de las llavecitas.

martes, 4 de mayo de 2010

Faustino Quispe

El misericorde teúrgo, con el que Paracelso soñaba, vivió en la Incontrastable.
Solía indagar por la naturaleza de los males en ciertos reflejos que los astros se han asignado en los órganos vitales.
Alguna vez, también, incubó el legendario amaru bífido dentro de un huevo de gallina negra; logró domesticarlo inclusive hasta hacerlo subir por las escaleras de su laboratorio. Esto tuvo que suceder, como indica el libro, cerca del tiempo de las cruces en mayo, cuando el frío del Huaytapallana se despeña desde la cumbre hacia el valle y se oye, a golpe de las tres de la mañana, ese espeluznante sollozo de quena forjada con huesos de wambla que un condenado errante toca cerca de los huertos en Cajas Chico.
“Durante nueve noches de aquel mes terrible hay que beber el jarabe de la bífida culebra sumergida en caña pura de Matibamba y jalea real para alcanzar así la vida eterna de los Taytas”. La fórmula –dicen- se la dio el último de los Apoalayas. Otros infieren, en cambio, que se la aprendió del mismo Huiracocha durante el efímero paso que ese Maestro hizo por la capilla gnóstica de Huamanmarca.
Pero ¿acaso alguien es digno de la eternidad en este valle de lágrimas? razonó Faustino con el brebaje ya en la mano. Por ello, con extrema precaución, guardó el menjunje en un escaparate de su inmensa casa. La ansiada panacea fue, desde entonces, un rumor unánime entre los wankas asiduos a los chismes de feria. Es sabido que, entre otros, ambicionaron esa pócima el mago Castillo y la ciega Mama Ambrosia de Sapallanga, sendos rivales en exorcismos y sanaciones de don Faustino.
Con el curso sucesivo de los mayos el número de chacras dio paso a bloques de modernas casas; en Cajas Chico dejó de oírse también, un día, el quejido de los ccarccarias; las negras y larguísimas polleras se trocaron por breves miriñaques entre las wamblas, y hasta la feria dominical dejó de hacerse en la calle milenaria como había ocurrido siempre.
El prodigioso bálsamo de Quispe despareció también de los rumores de media tarde, postergado entre enredos nuevos sobre tapados o crías de cuervo, sin que ni siquiera se la llegara a beber su dueño: porque Quispe, reverente teúrgo, murió casi de lo mismo con lo que se mueren los profanos: del desembalse de su propia vida; ni siquiera alcanzó a completar la regla de “diez veces del total de años alcanzados hacia el final del desarrollo físico” que predican los galenos de su especie.
El remedio de la serpiente se insinuó apenas cierto día en que se halló, entre los papeles de Quispe, un mapa cifrado en clave, rubricado también con un misterioso epígrafe estampado en lengua quechua de dialecto wanka que rezaba: “por las evoluciones esféricas, circulares, que se enroscan sutilmente en espirales compuestos; la doble serpiente antigua que Moisés y Tulu Anya frecuentaron -y que a mi pobre humanidad me fue dado advertir- yace alegre de su propio secreto, junto a la puerta oblicua: la más compleja de alcanzar”.
Luego de esto nadie jamás volvió a mentar la insólita infusión.
Mucho tiempo después ya, cerca de la hermética capilla de Huamanmarca, alguien edificó un monumento en honor de la serpiente; otra culebra similar se yergue también sobre la copa de mayo y una escalera de palo en el Cerrito de La Libertad. Faustino Quispe, inclusive, alcanzó cierta forma de inmortalidad mudando su terrenal sustantivo por un rótulo de avenida.
…Pero hay uno de los que leen esta historia que sí sabe dónde está tal bebedizo.

contenido y continente


sin aquella palabra que me contiene
no hubiera de tu alma sino el sueño
en que me encuentro,
el juego al cual me abstraigo,
la no existencia de mi destierro…
sería como el clima agorero
de las instancias,
el paisaje no previsto
de mi antiguo éxodo…
sería la lluvia, tal vez,
que acaricia y en la grava

a su naturaleza vuelve.

parábola de los prodigios

yo invocaba en secreto el milagro,
con la clara tristeza que alumbra lo infinito,
y creía luego yo tocar su manto
con la esquina de mi sombra propia
descansada…

e imperceptible a los afanes de la estrella poniente,
el milagro en secreto se urdía,
cual humilde salario en las jornadas de la plebe
nacía el milagro de su mano peregrina
y obediente…

oteaba, en tanto, el cielo innumerable de las cosas
con los ojos invisibles de la esfera inabarcable.
yo creía, sin crear, en su presagio inaprensible
tal como quien ama la fatiga de su virtud…

y en secreto yo invocaba el milagro

y en secreto el milagro se urdía…

lunes, 3 de mayo de 2010

folium ejus non defluet


la infancia
son las flores
que amarillas
la guirnalda coronan,
y llevamos
en la tierra
o bajo tierra.

la infancia
es el crepúsculo solar
de un nombre que es el nuestro.

y cuando la sordina amante
nombra
nos conduce del incógnito brazo
por el cuerpo,
y aparece vuestro fruto
que es unánime.

y la vida…
y el instante…
y el recuerdo…

porque
el agua misma avanza,
o enmudece al signo que la detiene
o que infinito
la trashuma.

estacionamiento a dos cuadras



principia la lluvia. es noviembre,
y de todos los meses, la lluvia cala
en el alma natural que los peatones obvian,
y en el impermeable tejido que les cubre
cada mañana
en su mecánico noviembre de abulia.

recoge también sus pensamientos el tiempo
labrador de los días, el tiempo
que es el clima inmaterial de la muerte toda.

y en tanto noviembre, sobre la rambla, discurra
¿qué habrá de ser cada partícula mañana
cuando el transeúnte sin impermeable se descubra?

y ¿qué de lo que hoy es aguacero turbio?
¿qué de los meandros del espanto a la demora?
¿qué del sinuoso silencio público?

principia la lluvia. es noviembre.
estación húmeda…


huancayo 2010

domingo, 2 de mayo de 2010

hallazgo del cuerpo de dolor


mirar la senda de la frontera hasta hacerse uno con ella
y en ella…

que el sol se ha puesto ya de las falanges
a la cima del retorno
y de su ciencia
a la frontera de leoneras y de antojos.

pero, ¿acaso
no soy yo el hacedor de la gleba?
¿ no es la efigie un hábito de mi sombra?
¿ no es la alfombra el valle donde habitan sus deseos?

ser el volumen propio, es cuanto codicia
el entendimiento.
ello y revelar la fórmula del verbo en que se nos imita
(hay una línea muy tenue, -lo sé-,
entre el ser de los operadores
y el capitular de los arteros en su misma industria).

iod he vau he,
comunícame hoy una razón
por cada una de las rosas en mi frente.