No temas el ritual del espejo
ni a la inútiles letras del epitafio
que en los ojos del Otro conocerás.
No temas al péndulo que te condena,
a la borea, a la metafísica ley
de las octavas, del accidente o la gravedad...
La alegría, el placer y la dulzura,
como bien Tauler lo ha dicho,
deben pasar sin detenerse
(o han de morir a cada instante).
Porque tú salvarás a mi pueblo afligido.
Porque tú humillarás a los altivos ojos .

No hay comentarios:
Publicar un comentario