martes, 20 de julio de 2010

El gran pez


Yo te amo, ciudad,
aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,
aunque soy en tu olvido una isla invisible,
porque resuenas y tiemblas y me olvidas,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza
amenazando disolverte el rostro numeroso,
cuando hasta el silente cristal en que resido
las estrellas arrojan su esperanza,
cuando sé que padeces,
cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,
cuando mi piel te arde en la memoria,
cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando desciendes lívida y extática
en el sepulcro breve de la noche,
cuando alzas los párpados fugaces
ante el fervor castísimo,
cuando dejas que el sol se precipite
como un río de abejas silenciosas,
como un rostro inocente de manzana,
como un niño que dice acepto y pone su mejilla.

Yo te amo, ciudad,
porque te veo lejos de la muerte,
porque la muerte pasa y tú la miras
con tus ojos de pez, con tu radiante
rostro de un pez que se presiente libre;
porque la muerte llega y tú la sientes
cómo mueve sus manos invisibles,
cómo arrebata y pide, cómo muerde
y tú la miras, la oyes sin moverte, la desdeñas,
vistes la muerte de ropajes pétreos,
la vistes de ciudad, la desfiguras
dándole el rostro múltiple que tienes,
vistiéndola de iglesia, de plaza o cementerio,
haciéndola quedarse inmóvil bajo el río,
haciéndola sentirse un puente milenario,
volviéndola de piedra, volviéndola de noche
volviéndola ciudad enamorada, y la desdeñas,
la vences, la reclinas,
como si fuese un perro disecado,
o el bastón de un difunto,
o las palabras muertas de un difunto.

Yo te amo, ciudad
porque la muerte nunca te abandona,
porque te sigue el perro de la muerte
y te dejas lamer desde los pies al rostro,
porque la muerte es quien te hace el sueño,
te inventa lo nocturno en sus entrañas,
hace callar los ruidos fingiendo que dormitas,
y tú la ves crecer en tus entrañas,
pasearse en tus jardines con sus ojos color de amapola,
con su boca amorosa, su luz de estrella en los labios,
la escuchas cómo roe y cómo lame,
cómo de pronto te arrebata un hijo,
te arrebata una flor, te destruye un jardín,
y te golpea los ojos y la miras
sacando tu sonrisa indiferente,
dejándola que sueñe con su imperio,
soñándose tu nombre y tu destino.
Pero eres tú, ciudad, color del mundo,
tú eres quien haces que la muerte exista;
la muerte está en tus manos prisionera,
es tus casas de piedra, es tus calles, tu cielo.

Yo soy un pez, un eco de la muerte,
en mi cuerpo la muerte se aproxima
hacia los seres tiernos resonando,
y ahora la siento en mí incorporada,
ante tus ojos, ante tu olvido, ciudad, estoy muriendo,
me estoy volviendo un pez de forma indestructible,
me estoy quedando a solas con mi alma,
siento cómo la muerte me mira fijamente,
cómo ha iniciado un viaje extraño por mi alma,
cómo habita mi estancia más callada,
mientras descansas, ciudad, mientras olvidas.

Yo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,
yo soy quien vela el trazo de tu sueño,
quien conduce la luz hasta tus puertas,
quien vela tu dormir, quien te despierta;
yo soy un pez, he sido niño y nube,
por tus calles, ciudad, yo fui geranio,
bajo algún cielo fui la dulce lluvia,
luego la nieve pura, limpia lana, sonrisa de mujer,
sombrero, fruta, estrépito, silencio,
la aurora, lo nocturno, lo imposible,
el fruto que madura, el brillo de una espada,
yo soy un pez, ángel he sido,
cielo, paraíso, escala, estruendo,
el salterio, la flauta, la guitarra,
la carne, el esqueleto, la esperanza,
el tambor y la tumba.
Yo te amo, ciudad,
cuando persistes,
cuando la muerte tiene que sentarse
como un gigante ebrio a contemplarte,
porque alzas sin paz en cada instante
todo lo que destruye con sus ojos,
porque si un niño muere lo eternizas,
si un ruiseñor perece tú resuenas,
y siempre estás, ciudad, ensimismada,
creándote la eterna semejanza,
desdeñando la muerte,
cortándole el aliento con tu risa,
poniéndola de espalda contra un muro,
inventándote el mar, los cielos, los sonidos,
oponiendo a la muerte tu estructura
de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles
una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,
navegarte la dura superficie dejando el mar,
dejarlo con su espejo de formas moribundas,
donde nada recuerda tu existencia,
y perderme hacia ti, ciudad amada,
quedándome en tus manos recogido,
eterno pez, ojos eternos,
sintiéndote pasar por mi mirada
y perderme algún día dándome en nube y llanto,
contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde
tu sombra gigantesca laborando,
en sueño y en vigilia,
en otoño, en invierno,
en medio de la verde primavera,
en la extensión radiante del verano,
en la patria sonora de los frutos,
en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,
laborando febril contra la muerte,
venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,
en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.

domingo, 18 de julio de 2010

Verticalidad


todo el mundo necesita llamar
su existencia a lo invisible,
a la nada que es omnímoda matriz
de cuanto nos puebla,
al vértigo molecular de las distancias
por las que somos.

y en esa nada sobre la que predico
he vuelto a traducir de acuarela el horizonte,
a revelarme en enunciados
tangibles como la carne:

“transposición de cuerpos sobre un puente en la frontera/
transfiguración del alma, apenas,
por un tabernáculo del camino…”

y entonces
imprecar a la existencia, anaximandro,
del caos que vuelve y nos devela.

y entonces
ahogarse en un bufido, swedenborg,
que la médula sin asco nos viene a devorar. ¡detenedla!

y entonces
morir al tantra metafísico de crowley,
que “muero porque no muero”…

todo el mundo necesita de la carne para tolerar
la consubstancial impotencia del alma.

yo,

existo simplemente, en cambio.

sábado, 17 de julio de 2010

Alejandro




















a veces pienso en tu alejandro…

¿por qué se ha ido?
si no hay parabrisas más oscuro que el de volver la vista a la niebla
del pasamayo fúnebre del olvido,
ni más inapelable barranco que el de la soledad donde se estrellan
los autobuses todos, de tránsito en el lenguaje
simbólico siempre de los sueños.

si nada más lúgubre existe
que el guillotinado que se entierra por su cuenta…

¿por qué se fue?

¿era un acto de misericordia conclusiva?
¿se cansó ya de negar cada lápida
con su nombre escrito?
¿o de mancillar
la sábana santa de tu cansancio?

¿para dónde fue?

¿ sin novedad ha vuelto al territorio fantasmal donde yacía?
¿hubo un padre austero que le esperaba, acaso
con la merienda lista y la cotidiana propina del escarmiento?

¿existió?
¿o es un invento nuestro?

¿o eres tú mismo en el futuro?
¿o soy yo en mi anterior existencia ?
¿o es el caos sagrado en que se engendran
las teologales leyendas del principio?

(¿todavía te ama?

me pregunto …)

jueves, 15 de julio de 2010

Una mariposa nos visitó esta mañana














una mariposa nos visitó esta mañana
en el salón de clase mientras hablaba
de las mujeres que dando a luz
pierden la vida. y tal vez por ello, mientras jugaban
los niños con la insólita peregrina,
he pensado un poco en los enigmas
de la vida, en la insignificancia
de ciertos destinos o desatinos y en la magia
de los instantes inadvertidos que nos revelan
eso que somos en verdad,
o lo creemos.

se ha perdido mi recuerdo en lontananza, por ejemplo
y te he visto atravesando la frontera de los denuedos,
como un frodo joven perseguido por la sombra
de su propia iniciación jamás pedida.
y a tu madre he visto también a lo lejos,
vidente ciega de azulados misterios
tan alquimista con su repostería del alma
que casi nunca comprendo lo que intenta…
pero sé que es más posible que nosotros, ella
en su inexplicable gravedad de moza antigua.

y he visto la fórmula de mi redención en el aire,
el mito que señala mi sendero en mi figura

he visto los lejanos maestros del olvido olvidados,
he visto la tarde de mi concepción con el arco iris en medio,
he visto la médula infinita que nos contiene,
la ristra del a de ene interrogante…

y revoloteaba la mariposa ante mi vista...


miércoles, 14 de julio de 2010

dos hombres de hojalata por el camino de oz










recuerdo todo cuanto alegremente desperdiciábamos del universo.

recuerdo nuestro armisticio de rosas, también

en aquel casto desfile de lanzas de velásquez

sobre un cielo de imaginaria borgoña .

teníamos entonces el aliento perfectible

de los frutos lacerados por el sol ,

y una desmedida esperanza por la humanidad

que hemos aprendido a curar con el tiempo.

“escribir sobre el pasado es infecundo pasatiempo”,

- me decías-

y me despertabas, acto seguido, con la cita

de un presocrático distraído.

y entonces yo

jugaba con él como se juega

la vida la plebe en sus embestidas.

y jugaba contigo también, mientras

llamaba mi madre para cenar

que ya se enfría.

de modo que, mientras espero degustar un día de aquellos membrillares devotos

del eterno presente, junto a ti como deseo,

me complazco en tu concilio,

en tu imaginaria batalla contra el absurdo que es siempre imaginario.

(porque no es preciso batallar.

aquello es incompatible con quienes ya asumimos el no tiempo).

pero te digo que sí a todo:

que sí a no mirar atrás, y que sí a las vendimias de febrero,

y que sí a los panes sin levadura, y que sí a los molinos de viento,

y que sí, sobretodo, a perseguirme por las nubes convertidas en montera.

porque la felicidad es no es un destino

sino el trayecto.