Extraño el camino que nos llevaba
a la ribera del oeste,
con su fúnebre e imaginaria puerta
siempre abierta, y el espejo
inmenso de las ambiciones
ayer blancas.
Adivinar el espejo ahora
con aquellas imperfectas coordenadas
que da el olvido…
O tentar a fuerza el candado
de una puerta
ya cerrada y encarnada
como antiguo objeto
por las guaridas del alma…
no tiene sentido.
Vuela un pájaro amarillo por sobre nuestro viejo
rincón vedado.
por el camino solitario se pierde

