De mortales úteros germinaron santos.
fueron quizás los dioses devastados por el siglo,
retales de la cósmica vendimia, descendidos
a la forma rudimentaria de si mismos.
Y en amor de azules privilegios perdidos
encarnaron a polvo
de piedra, a metal fundido,
nacieron y volvieron al lugar innominado
de su alma, a su átomo
mil veces profano, mil veces dividido.

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