miércoles, 14 de julio de 2010

dos hombres de hojalata por el camino de oz










recuerdo todo cuanto alegremente desperdiciábamos del universo.

recuerdo nuestro armisticio de rosas, también

en aquel casto desfile de lanzas de velásquez

sobre un cielo de imaginaria borgoña .

teníamos entonces el aliento perfectible

de los frutos lacerados por el sol ,

y una desmedida esperanza por la humanidad

que hemos aprendido a curar con el tiempo.

“escribir sobre el pasado es infecundo pasatiempo”,

- me decías-

y me despertabas, acto seguido, con la cita

de un presocrático distraído.

y entonces yo

jugaba con él como se juega

la vida la plebe en sus embestidas.

y jugaba contigo también, mientras

llamaba mi madre para cenar

que ya se enfría.

de modo que, mientras espero degustar un día de aquellos membrillares devotos

del eterno presente, junto a ti como deseo,

me complazco en tu concilio,

en tu imaginaria batalla contra el absurdo que es siempre imaginario.

(porque no es preciso batallar.

aquello es incompatible con quienes ya asumimos el no tiempo).

pero te digo que sí a todo:

que sí a no mirar atrás, y que sí a las vendimias de febrero,

y que sí a los panes sin levadura, y que sí a los molinos de viento,

y que sí, sobretodo, a perseguirme por las nubes convertidas en montera.

porque la felicidad es no es un destino

sino el trayecto.

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